A mi abuela paterna la he recordado en estos días al analizar algunas de las noticias que han circulado. "Aquí nadie tiene corona", solía decir, cuando se comentaba algún hecho crítico de la vida pública, y particularmente cuando se cuestionaba a algún político o servidor público y éste se resistía a ser investigado. Con esta sencilla frase resumía, en forma extraordinaria, uno de los principios más poderosos de la vida en democracia y, en buena parte, de la tradición costarricense. A mí me costó años descifrar el sentido de esta afirmación que le escuché siendo niña. Con los años, el orgullo de ser costarricense y vivir en un país en el que se valora la igualdad de las personas, especialmente ante la justicia, fui comprendiendo su importancia. Para ella el ser funcionario público en una democracia significaba tener la humildad de reconocer que el poder no exime de rendir cuentas.