Muchas personas hemos esperado el corte final de esta cinta con muchas ganas. Lo que habíamos visto en los prólogos difundidos por internet prometía.
Mi hermana Inti y yo nos sentamos cerca de algunas amigas. Quedamos de compartir al final. Inti y yo no pudimos. Nos salimos por la puerta de atrás. Ni siquiera saludamos a Hernán al final. Ya habrá tiempo. Era mucha gente.¿Por qué?
No pudimos "celebrar" con los ojos aguados y el corazón así como en carne viva, tan abierto y vulnerable. Se nos quitaron las ganas.
Bastante se ha escrito sobre este trabajo. Muchas cosas buenas. El milagro se ha producido. Nadie se ha atrevido a decir cosas malas de A Ojos Cerrados. Algunas frasesitas sueltas escudadas en cierta "sapiencia sabionda" sobre cine....cosas que la verdad ni vale la pena comentar y ya hasta pereza dan. Muchas emociones, ojos llorosos, alegría, abrazos. Asombro ante lo que se presenta sin pretensiones.
¿Cómo es posible que una película se rodee de tan buena vibra? ¿ Que sea todo lo que le ocurra como un acto de amor?
Anoche Hernán , su director, en su "discurso" de bienvenida nos dió algunas pistas. Más que hablar de lo que sentía compartió con un cine Magaly lleno a reventar, un mensaje que Maricarmen Merino había enviado a Natalia Rodríguez, de Redcultura , que le preguntaba sobre anécdotas de la filmación. El mensaje de Maricarmen , elocuente en su sencillez y honestidad, la actitud de Hernán, elocuente en su sencillez y honestidad, los aplausos de la gente, elocuentes en su sencillez y honestidad. Un acto de amor. ¿ El amor después del amor? No. El amor permanece cuando es verdadero. Pase lo que pase.
Se inicia la proyección y asistimos a una serie de imágenes sobrias, delicadas, cortadas con delicadeza de artesano, envueltas en una música dulce y recurrente...y de nuevo la elocuencia de la sencillez y la honestidad. Un acto de amor.
La casa sencilla rodeada de verde, el baño con azulejos desteñidos, el cariño de una familia que conversa en la cama, los "pleitos" cotidianos como manifestación de cariño llano y verdadero....las relaciones recubiertas de compasión, abrazo, silencio...sencillez y honestidad....y la muerte, y la parálisis ante ella, y los ojos cerrándose para querer ver y el corazón abriéndose para entender, despacito, despacito, despacito y con buena letra. Un acto de amor.
En muchos momentos la historia propia. Mi propia historia allí retratada. Cuando lo cotidiano se ve de otra manera porque un evento todo lo transtorna, cuando lo "importantísimo" resulta que no era ni mierda...cuando se cuelga un teléfono para no oír palabras necias...cuando la vida nos invita a la entrega y no hay de otra...Ay, Hernán, qué cosas que nos diste...además de un sentido de identidad nacional más allá de lo folclórico o turístico. Qué importa que sea el caribe y que suenen las serenatas de Guanacaste, qué importa que un salonero ofrezca "flan de fresa", qué importa que no haya rezos ni misas, ni una vela llena de vecinas, ni fresco de cas en la mesa, ni novios ni besos, ni siquiera sexo...eso no es lo que importa, lo que importa es lo que esos ojos chispeantes y chiquititos de don Carlos Luis nos enseñan, ese pecho de su nieta aguantando un corazón que se debate entre lo que creía quería ser y lo que de verdad era. Un acto de amor.
Es tanto lo que podría decirse de esta película...¿ para qué? Más lo que podría decirse de todo lo que pasó anoche en el cine Magaly. Un acto de amor tras otro tras otro tras otros, como los ladrillitos sobre los que se construyó esta película. A veces sobran las palabras.
Al terminar la función, yo no tenía ganas ya de saludar a nadie, de felicitar a nadie, de tomar ningún vino ni comer nada, mucho menos de sonreir, solo tenía ganas de seguir sintiendo, de soltar más lágrimas, de imaginar lo que podrían sentir Carlos Luis ( el mío) y Sebastián cuando vean la película. Las cenizas, la playa, el mar, el amor...y hasta el bote! Igualito a cuando fuimos a dejar a Manzanillo las cenizas de Víctor. La incertidumbre en la playa, "mejor vamos en bote", el bote, el agua....de nuevo los ojos aguados...
Cuánta casualidad amarrada a la historia propia. Cuánta impresión sentir a Inti a mi lado llorar y llorar y llorar por la resonancia de la historia en su propia vida.
Como ella resumió al final "no siento que sea una película para decir que es buena o mala, solo siento que es mía, es mi familia, es mi historia..." Así es Inti, y eso no se juzga. Escapa a esa intrascendencia intelecual o racional. El amor no se juzga. Se siente y ya.
Esta mañana amanezco con ganas de contar esto y compartirlo y me encuentro con la aberración de un convenio de colaboración para la guerra "anti-drogas" entre Costa Rica y Estados Unidos. Algo insólito a estas alturas y horrible. Los alcances de lo firmado son impredecibles. No hago más que pensar en qué clase de país somos, qué es eso tan terrible de decir ser una cosa y en la práctica ser otra. Qué es ese nivel de pérdida de identidad, esta ceguera...no entiendo...y no puedo dejar de amarrar ambas experiencias. Anoche un bote con un abuelo y una nieta, hoy un montón de barcos llenos de armas, soldados y guerra para acá...el mismo mar.
Es que para esto es el cine, para retratar y retratarnos. Hernán Jiménez y su equipo nos regalan una historia sencilla que de verdad nos retrata. Nos recuerda quiénes somos...de manera paralela un mundo artificial de ojos que miran obnubilados hacia des-valores y equivocaciones nos inunda y nos enreda. Somos Delia y tenemos que tomar una decisión. O somos o no somos. Porque una cosa es decir que somos una cosa y otra ser coherentes y hacer lo que tenemos que hacer en concordancia con eso.
Si no, todo es paja.
Gracias Hernán, de nuevo.
Somos Amor, Somos Paz, Somos Corazón, Somos Sencillez: Seamos Honestos!, dejemos de contestar esas llamadas. Apaguemos el celular, plis! ( no pasará nada malo, sino todo lo contrario. ¿ cuándo lo entenderemos?)
Julia Ardón
2 de julio 2010

Comentarios
Y...gracias Hernán por darnos unnos momentos de amor, nostalgia y a la vez crítica.
Estoy convencidad de que un pueblo que no se conoce pierde autoestima, y un pueblo sin autoestima deja que le humillen.
El trabajo de Hernán nutre la autestima nacional. Nos recuerdo quiénes somos, y eso es precioso y además: valiosísimo en estos tiempos de "tanta duda"
Cariños