Porque un día sí y otro también personajes de la política nacional responden que "no recuerdan" haber hecho una llamada, "no se acuerdan" si recibieron determinado informe o si un familiar suyo participaba de una contratación o proceso con el Estado que de alguna forma pasaba por su escritorio, su decisión o su influencia.
"No sé, no me acuerdo"... en estos días en que desfilan ante nuestros ojos casos insólitos como los de las donaciones del BCIE, la carretera a Caldera, las filtraciones de Wikileaks, entre muchos otros... ¡todos parecen haber perdido la memoria! Justamente como aquellos personajes novelescos que empezaron a olvidar los nombres de las cosas y decidieron rotularlas, hasta que acabaron por olvidar también la escritura...o mejor aún, como la canción de la famosa cantautora, María Elena Walsh: "En el país de Nomeacuerdo,/ doy tres pasitos y me pierdo/un pasito para atrás/y no doy ninguno más/porque ya, ya me olvidé/dónde puse el otro pie."
"No sé, no me acuerdo"... Frase célebre de la política nacional y de sus círculos de influencia... Respuesta fácil ante un periodista que les refresca la memoria, o ante cualquier proceso que implique rendición de cuentas ante las y los ciudadanos y que irrita a los políticos y a sus defensores. "Pudo haber tenido un olvido", así defendía un diputado liberacionista al exministro Arias en fecha reciente...
Y me temo que además de desmemoriados, podríamos ser el país del "yo no fui, fue Teté, péguele, péguele que ella fue"... Porque hemos visto desfilar a exfuncionarios y exfuncionarias de todos los rangos ante las comisiones investigadoras de la Asamblea Legislativa y resulta que nadie se hace responsable de nada..."Yo no fui, fue Teté..." Solo eso parece estar claro para quienes tuvieron poder para decidir o el mandato para ejercer controles o influir sobre el rumbo de procesos que hoy se investigan. Y es curioso, mientras algunos no se acuerdan de nada ni se responsabilizan de nada–aunque jamás olvidaron acudir a tiempo para estar en la foto-, las y los ciudadanos sí nos acordamos de promesas y explicaciones que hoy se estrellan contra la fuerza de la verdad y de los hechos.
Pero hay una cosa que sí es definitiva: una democracia madura exige en las autoridades públicas buena memoria, sobre todo para rendir cuentas por los recursos que son de todos. Exige leyes claras y una autoridad investida de responsabilidad que sea capaz de explicar, sin truculencia, sus acciones. Nuestro gran problema es que algunas de esas leyes- que sí existen en Costa Rica-, parecen haber caído en manos de personas desmemoriadas, que olvidaron su mandato. Pero lo que es peor: la ciudadanía también parece haberse dejado contagiar por el mágico somnífero de la desmemoria que se le aplica cada cuatro años en cuantiosas campañas políticas. Y la gente va y vota, porque "no sabe, ni se acuerda"...
