Más juventud con visión de mundo, menos gatos en política

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El ingenio de la fracción liberacionista puesto en escena el 1º de mayo pasado no es resultado de la casualidad y menos de la improvisación. Esta actuación fue el corolario de su larga trayectoria de artimañas clientelistas, ausencia de reflexión política y centralismo añejo. Sorprendidos quedaron de la inmediata reacción de la ciudadanía y de la cohesión de la alianza.

Según algunos agoreros, era un acuerdo débil y además arriesgado pues, con una visión personalista y corta, añadían que nada podría hacer en una disputa de votos legislativos el diputado del Partido Acción Ciudadana, Juan Carlos Mendoza ante el experimentado Luis Gerardo Villanueva.

Diversos argumentos se han dado para explicar esta inédita coyuntura política. Sin embargo, en muchas de ellas ha estado ausente el contexto mundial, las situaciones políticas que marcan la presente época. Sin el análisis del contexto, el cuadro queda incompleto para poder entender tanto el surgimiento de la Alianza por Costa Rica, como los resultados de la elección del día siguiente y el futuro de la política costarricense. Ciertamente, como apunta el sociólogo francés Alain Touraine en su libro "Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy" (2005), la evolución de la política y las particularidades de los partidos no pueden desligarse del impacto global que tuvo el ataque del 11 de setiembre del 2001.

A partir de esa macabra fecha el mundo se nos mostró profundamente diverso, convulso y amenazante. El miedo y el autoritarismo se convirtieron en los mecanismos del ejercicio de la política en prácticamente todo el planeta. La desesperanza se apoderó de millones de personas que, sin posibilidades de salir de la pobreza y la violencia, se arriesgaron a cruzar océanos y desplazarse largas distancias de sus hogares para encontrar alguna oportunidad en el pujante mundo urbano, impersonal y mercantilizado.

Paralelamente, y como suele ocurrir en tiempos de crisis, también surgieron esperanzas y alternativas. Múltiples movimientos de reivindicación identitaria afloraron, mientras las fronteras nacionales se desdibujan. Las autopistas cibernéticas conectaron individuos, colectividades, naciones y regiones, y surgieron entonces sentimientos de identificación inimaginables, más allá de las clases, la identidad de género, la nacionalidad, la edad, la fe y la idiosincrasia.

Al cerrar la primera década de este nuevo milenio, "enjambres" de expresiones políticas diversas contribuyeron con la caída de regímenes autoritarios y corruptos. La transformación de los partidos políticos tampoco podía esperar. Los partidos democráticos, progresistas, la vieja izquierda y la derecha se vieron obligados a repensarse ante las presiones populares y el aumento del abstencionismo. La incapacidad de resolver la creciente pobreza, la inseguridad, la desigualdad y la falta de oportunidades, especialmente para la juventud, crearon condiciones para alianzas no sospechadas en el siglo pasado.

La participación de la juventud y las mujeres ha sido clave en este proceso de recomposición de los partidos y de reorientación de la forma de hacer política para superar el patriarcalismo, el clasismo, la gerontocracia, la discriminación y la exclusión. El mundo se ha tornado complejo y diverso, las categorías y los conceptos de la política tradicional están históricamente regazados para comprender las aspiraciones y necesidades de las personas que quieren tener calidad de vida y ser felices.

La Alianza por Costa Rica es, en cierta forma, resultado del agotamiento de la tradicional forma de hacer política, pero también de las presiones y demandas de la heterogénea composición de las expresiones sociales en nuestro país. El Partido Liberación Nacional, indiferente y arrogante ante expresiones políticas diversas, cae en profundas contradicciones: descalifica a los que en algún momento fueron sus aliados políticos, deslegitima a la juventud por su inexperiencia, instrumentaliza a las mujeres, utiliza el sentimiento religioso para justificar su codicia y recurre a una falsificación de la ética y el civilismo para pretender vestir de racionalidad su afrenta contra la institucionalidad.

No es casual ni antojadizo el nacimiento de esta Alianza. Queremos seguir viviendo en democracia y con calidad de vida. Apuntamos a la educación como el motor del desarrollo, una educación liberadora que eleve la política al nivel de la espiritualidad, basada en el bien común, la solidaridad, el respeto y el amor al prójimo, valores universales por los que la humanidad, a través de la historia, ha sacrificado miles de personas.

Eso lo han entendido bien las juventudes contemporáneas que reivindican amplitud y tolerancia. Por eso necesitamos la participación de la juventud con visión de mundo, universal, capaz de comprender que el Planeta es uno y es nuestra casa, y que la supervivencia de todos y todas no depende de gatos provincianos en la política, sino de diálogos y acuerdos que nos permitan vivir mejor.

*Elizabeth Fonseca, Presidenta
Margarita Bolaños, Secretaria General
Partido Acción Ciudadana

PUBLICADO EN DIARIO EXTRA

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